El amor necesita espacio para expandirse y crecer; es una realidad maravillosa, pero en cierto sentido también frágil. ¿Y qué necesita, qué es ese espacio? El medio concreto que necesita es la esperanza. Si nos fijamos un poco en lo que nos ha pasado a veces, nos daremos cuenta que cuando el amor se enfría o deja de crecer se debe a nuestros anhelos, nuestros miedos, nuestras inquietudes lo están ahogando. En un diálogo con Santa Faustina, Jesús afirma que "los mayores obstáculos para la santidad son el desaliento y la inquietud."
De alguna manera, el amor es connatural, propio del hombre: éste ha sido creado para amar y lleva dentro de sí una aspiración profunda a entregarse (aunque pocas veces seamos conscientes de ello, la necesidad más profunda del hombre es sin duda entregarse).
La realidad es que, muy a menudo, el amor no crece: su desarrollo se ve bloquedo por algo. La mayoría de las veces el problema está en la falta de esperanza.
Oración.
Mi querido Jesús, de ti hemos recibido la capacidad maravillosa de amar, es lo que más anhelamos, ser amados y amar. Pero nuestra tendencia es de centrar esa capacidad en nosotros mismos: primero yo, segundo yo, tercero yo y quizás de vez en cuando, tú. "Amaos los unos a los otros como yo os he amado", "nadie tiene amor más grande que el que da su vida por sus amigos", "En esto reconocerán que sois mis amigos, en que os amáis los unos a los otros". ¡Oh Señor! ¿por qué nos cuesta tanto olvidarnos de nosotros mismos? ¿Esa es la cruz que nos pides para seguirte?

0 me comentan:
Publicar un comentario en la entrada