jueves, septiembre 28, 2006

LA LIBERTAD 56 (continuación)

Foto de Lizzie Morrison
La trampa de la ley.
Es la verdadera trampa en la que nos hace caer el mal y que nos hace esclavos de una conducta negativa. Existe otra trampa que San Pablo quiere hacernos comprender y ésta es muy sutil, más difícil de detectar y, por lo tanto, más peligrosa: la trampa de la ley. Ésta no aparece como un desorden moral, sino al contrario, puede adoptar la apariencia de la moralidad más estricta. En esta trampa la "gracia", que hemos estado comprendiendo que es la que hace posible la santidad, es sustituída por la "ley", lo que viene a ser una perversión del Evangelio. Veamos por qué.

La ley en sí misma es buena: manda hacer cosas buenas; ayuda a distinguir, a discernir el bien del mal y lo que construye al hombre de lo que lo destruye; tiene entonces un importante papel pedagógico. Pero su trampa es la siguiente: al hacer de la práctica de la ley condición para la salvación, nos instalamos en la lógica según la cual la salvación no proviene del amor gratuito de Dios manifestado en Cristo, sino de las obras realizadas por el hombre y sus capacidades. (leer a San Pablo en Efesios 2,4-6 ; Tito 3,3-4; 2Timoteo 1,9)
La ley (no en cuanto a lo que manda, que es bueno, sino como "lógica de vida" o manera de situarse frente a Dios) es perversa y conduce a la muerte, pues contradice esta verdad de la gratuidad de la salvación y acaba por matar el amor.

Oración.
Mi querido Jesús, esto, para mí, es sumamente importante, porque pone muy en claro un error que quizá hemos cometido muchos cristianos en la vida y es darle más importancia a lo que se nos manda que al amor que tú nos tienes. Ese amor que nos muestras tú con su vida entera, lleno de compasión, de comprensión, de misericordia, de servicio a los demás, de obediencia al Padre hasta llegar a asumir todos los pecados del mundo y dar tu vida, en la forma en que la diste, por amor a nosotros. Hemos creído que tenemos que cumplir lo que tú nos mandas con nuestras propias fuerzas, solos, sin tu ayuda. Y no entendíamos bien esa frase tuya que está en el Evangelio: "Sin Mí nada podéis hacer". Que nuestra salvación depende de nosotros solamente y de nuestras capacidades... Por eso se ha culpado a nuestra fe como creadora de culpas, por eso tanta gente se aleja de ti desanimada cuando ve que cae, que es débil, se desiluciona porque tiene defectos y a veces graves y no puede con ellos. Prefiere entonces prescindir de la fe para huír de lo que considera duro, exigente y hasta imposible.