viernes, septiembre 29, 2006

LA LIBERTAD 57 (continuación, indispensable leer La Libertad 54, 55, 56)

Foto de Gerald Mace

La ley puede llevarnos al orgullo: como soy capaz de cumplir sus prescripciones, sus mandatos, me creo justo y mejor que los demás y desprecio a los que no hacen lo que hago yo. Es el pecado de los fariseos denunciados con energía por Jesús en el Evangelio, porque no hay nada que mate más el amor y la misericordia hacia el prójimo, con más facilidad que el orgullo espiritual. Por otro lado, la lógica de la ley puede llevarme también a la desesperanza: puesto que soy incapaz de cumplir plenamente sus exigencias, caigo en la desesperación y en la culpabilidad y me siento condenado en forma irremediable y como eso me es intolerable me alejo de la fe y de su práctica, para no pensar.

Hay otras variantes, otros modos a los que la lógica de la ley puede llevar a una persona: la piedad rígida de la persona que hace todo "por obligación", como si tuviera una deuda que pagar a Dios o que si no cumple Dios la va a castigar. Cuando Cristo en la Cruz redimió cualquier deuda del hombre con Dios, llamándolo a devolverle todo por amor y agradecimiento y no por alguna deuda que pagar; otra manera es la del temor de la persona que siempre se siente culpable y tiene la sensación de no hacer jamás lo suficiente por Dios; o la mentalidad mercantilista del que calcula sus méritos, mide sus progresos, se pasa la vida esperando la recompensa de Dios a sus esfuerzos y se queja en cuanto las cosas no salen como él querría; o esa persona que vive poniendo prescripciones: "no tomen, no coman, no toquen", en lugar de vivir con el corazón ensanchado por el amor; o del que con su legalismo o su perfeccionismo hace la vida imposible a los demás y se convierte en un ser sin misericordia.

Oración.
Querido Jesús, qué bien señala Jacques Philippe las tristes desviaciones que a veces confunden a los cristianos y nos alerta contra ellas. Insisto, creo firmemente que de ellas nos salva la certeza de que tú nos amas tal como somos, gratuitamente, porque así podemos devolverte ese amor también con amor, así no querremos ofenderte , así nos esforzaremos en seguir a Jesús que nos dice: "Amaos los unos a los otros como Yo os he amado". Y tus mandatos no serán una carga porque no los haremos por obligación, sino por amor, porque "Amor con amor se paga".