viernes, octubre 20, 2006

LA LIBERTAD 62

Foto de Jody Melanson
O en un plano muy superficial, con frecuencia esta necesidad de identidad se llena con el "tener", con la posesión de bienes materiales, o con ciertos estilos de vida: me identifico con mis bienes: tengo casa en la playa o en el balneario más de moda, o un Mercedes Benz o un BMB; o me identifico y tengo toda mi seguridad en mi aspecto físico; o mujeres que se imponen implantes de silicona para lucir su cuerpo o me identifico con mi moto, mi yate... Se produce entonces una terrible confusión al pretender colmar, llenar la necesidad de "ser" con el "tener". Las cosas pueden hacer disfrutar la ilusión durante algún tiempo, pero no durará mucho: las dificultades, el astío o las desiluciones llegarán luego... ¡Cuántas personas acaban dándose cuenta que sólo se interesaban por ellas por su dinero y no por ellas mismas! Y después de un tiempo de haber vivido como centros de atracción, de repente se encuentran solos.

En un plano más elevado, se busca satisfacer la necesidad de ser a través de adquirir ciertos talentos (deportivos, artísticos o intelectuales). Aunque a primera vista parece mejor que el modo anterior, hay que estar alertas, atentos al peligro de confundir el "ser" con el "hacer", identificando a la persona con el conjunto de sus talentos o aptitudes. Porque ¿somos solamente eso? ¿Y si pierdo mis facultades? ¿Si soy el mejor futbolista del mundo y termino en silla de ruedas? ¿Y soy un experto en literatura francesa y por un accidente pierdo la memoria? ¿Qué seré yo entonces?

Oración.
Mi querido Jesús, este mundo nuestro se ha vuelto consumista, todos los día salen cosas nuevas tentadoras, inventos tecnológicos de "última generación", como se dice ahora, las cosas se fabrican desechables para que duren poco y resulte más conveniente cambiarlas por algo nuevo antes que arreglarlas, la propaganda es implacable a través de los medios de comunicación y se encarga de convencer que no se puede ser feliz si no se adquiere tal o cual cosa. Ahora estamos en un mundo globalizado que tiene sus pros y también sus contras y las cosas van tan rápido que no se preveen sus efectos negativos. Así está nuestro mundo occidental en especial. Y hay tantas personas vulnerables a las que es fácil convencer. Cómo urge la reevangelización, el aprender a darse tiempo para conocerTE, para oírTE, para amarTE, para hacer un poco de silencio en nuestras vidas que nos permita refleccionar en lo que realmente vale la pena.