viernes, enero 27, 2006

EL PROBLEMA DEL TIEMPO

Foto de Joakim Skoog
"Yo querría hacer oración, pero no tengo tiempo". Es un comentario muy frecuente. Es cierto que en el mundo actual todo el mundo corre, siempre apurados, con el tiempo justo para lo mucho que tenemos que hacer.
Un autor contemporáneo con sentido del humor escribe:- nunca hemos visto que alguien se muera de hambre porque no tiene tiempo de comer. Siempre hay tiempo (¡o se busca!) para hacer lo que se considera vital.- O sea que tendríamos que preguntarnos por nuestra jerarquía de valores, ver lo que realmente es prioritario para nosotros. Por lo tanto, el problema no estaría en la falta de tiempo.

Si nos detenemos un poco más a pensar, uno de los grandes problemas de nuestra época es que ya no somos capaces de hallar tiempo los unos para los otros. Empezando por los niños, íntimamente heridos porque los padres no saben dedicarles algunos momentos para estar con ellos, gratuitamente, sin apuro, sin hacer otra cosa que estar con el hijo. Se ocupan de él, sí, pero simpre haciendo otra cosa o metidos en sus preocupaciones, sin estar verdaderamente "con él", sin poner el corazón a su disposición. El niño lo siente y sufre (aunque no se dé muy bien cuenta del por qué de su descontento).

A propósito de la falta de tiempo, podemos confiar en la promesa de Jesús: "Nadie que deje casa, hermanos o hermanas, madre o padre, hijos o tierras por mí y por el Evangelio, dejará de recibir el ciento por uno ya en esta vida". (Marcos 10,29). Podemos aplicar estas palabras al tiempo: el que renuncia a un cuarto de hora de televisión recibirá el céntuplo en esta vida; el tiempo empleado le será devuelto en cien veces, no en cantidad, ciertamente, sino en calidad de vida. La oración me dará la gracia de vivir cada instante de mi vida de un modo mucho más fecundo.

Oración.
Mi querido Amigo Jesús, si la gente descubriera el tesoro que es tenerte por Amigo..., sí, con mayúscula.

TODOS ESTAMOS LLAMADOS A ORAR

(Tomado de "Tiempo para Dios" de J. Philippe)
Foto de Jerry Ting

Cualquiera que sean nuestras dificultades, nuestras resistencias, nustras objeciones, debemos creer firmemente en que todos sin excepción, sabios o ignorantes, justos o pecadores, personas equilibradas o profundamente dañadas, estamos llamados a cierta vida de oración en la que Dios se comunicará con nosotros. Y como Dios es justo y llama, nos dará las gracias necesarias para perseverar y hacer de esta vida de oración una profunda y maravillosa experiencia de comunión con su vida íntima. La vida de oración no está reservada a una elite de "espirituales"; es para todos. La frecuente sensación de que "eso no es para mí, es para personas más santas y mejores que yo", es contraria al Evangelio. Debemos creer que, a pesar de nuestras dificultades y debilidades, Dios nos dará la fuerza necesaria para perseverar.

"Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe; y el que busca halla y al que llama se le abre". El que persevera con confianza recibirá imfinitamente más que lo que se atreve a pedir o esperar. No porque lo merezca, sino porque Dios lo ha prometido.
Cuando no se ven los frutos con la rapidez deseada, suele presentarse la tentación de abandonar la oración. Esta tentación debe ser rechazada de inmediato por medio de un acto de fe en la promesa divina se cumplirá en su momento. "Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. Mirad, el labrador aguarda el fruto precioso de la tierra, esperándolo con paciencia, mientras caen las lluvias tempranas y tardías. Tened vosotros paciencia, fortaleced vuestros corazones, porque la venida del Señor está cerca" (San 5,7-8)

FE EN LA PRESENCIA DE DIOS

(Tomado de "Tiempo para Dios", de Jacques Philippe)
Foto de Paul Pinkley
Cuando estamos solos ante Dios y queremos hablar con Él, debemos creer con todo nuestro corazón que Dios está presente. Independientemente de lo que podamos sentir o no sentir; de nuestros méritos; de nuestra preparación; de nuestra capacidad o incapacidad para tener hermosos pensamientos; de nuestro estado de ánimo, Dios está junto a nosotros, nos mira y nos ama. Está ahí no porque lo merezcamos o lo sintamos, sino porque lo ha prometido: "Entra en tu habitación y, cerrada la puerta, ora a tu Padre, que está ahí en lo oculto..." (Mateo 6,6)

Cualquiera que sea nuestro estado de aridez, nuestra miseria, la impresión de que Dios está ausente, incluso de que nos abandona, nunca debemos dudar de esa presencia acogedora y llena de amor de Dios junto al que reza: "Al que viene a mí, no lo echaré fuera" (Juan 6,37). Antes de que nos pongamos en su presencia, Dios ya está ahí, Porque es Él quien nos invita a encontrarle; Él, es nuestro Padre, nos espera y trata de entrar en comunión con nosotros más de lo que lo pretendemos por nuestra parte. Dios nos desea infinitamente más de lo que nosotros lo deseamos a Él. Sólo que Él respeta nuestra libertad.

jueves, enero 19, 2006

LA TRANSFIGURACIÓN

(Mateo 17,1-9 ; Marcos 9,2-8 ; Lucas 9,28-36)

Seis días después, tomó Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a Juan su hermano, y subiendo con ellos a un alto monte, a solas, se transfiguró en su presencia...
...Todavía estaba Pedro hablando,cuando una nube resplandeciente vino a cubrirlos y, al mismo instante, resonó desde la nube una voz que decía:
--Este es mi Hijo querido, en quien tengo toda mi complacencia: a Él tenéis que escuchar.
Ante esa voz, los discípulos cayeron con su rostro en tierra, y quedaron dominados de un gran espanto; pero Jesús se acercó a ellos, les tocó, y les dijo:
Levantaos, no tengáis miedo.

Seis días han pasado después de la terrible predicción que Cristo ha hecho a los apóstoles acerca de su Pasión y Muerte. Él sabe que andan tristes y acongojados por aquellas palabras. Y ahora quiere confortarlos con la contemplación de su divinidad. Dice San León : "El fin principal de la transfiguración era desterrar del alma de los discípulos el escándalo de la cruz".

Querido Jesús, aún sabiendo lo que ahora sabemos, que te entregaste voluntariamente a la muerte por amor a cada uno de nosotros para ofrecernos el perdón de todos los pecados de todos los hombres; que con ese sacrificio en la Cruz le diste un nuevo sentido al sufrimiento, un sentido redentor. Aún sabiendo eso, en cada Semana Santa la tristeza nos invade. Fue tan grande tu sufrimiento, no sólo por el castigo tan cruel, tan inhumano, tan injusto, sino porque asumiste los pecados de todos los hombres de todos los tiempos y esa fue la causa de tu sudor de sangre en el Huerto de Getsemaní. Esa película de Mel Gibson, La Pasión fue impactante, porque te vimos hasta qué punto puede llegar la crueldad de los hombres, la crueldad del ser humano. Nadie puede quedar indiferente ante ese espectáculo y muchos se preguntan por qué tanto. ¿ Hasta qué grado puede llegar el amor? "Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos", "Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad"., son tus palabras. Nos quieres a todos, nos amas a cada uno con un amor inabarcable para nuestra mente humana. Gracias Jesús, gracias.