Como hemos dicho, tenemos el defecto de añadir al peso de hoy el del pasado e incluso el del porvenir. No se trata de volvernos irresponsables o faltos de previsión, tenemos obligación de hacer proyectos y pensar en el mañana. Pero tenemos que hacerlo "sin inquietud", sin preocuparnos porque eso no nos deja vivir el momento presente. El corazón no puede quedar atrapado por lo incierto del mañana y recibir al mismo tiempo la gracia del momento presente: una cosa excluye la otra. Así se entienden esas palabras de Cristo: "Buscad el Reino de Dios y lo demás se os dará por añadidura", Esto, evidentemente, no quiere decir que en el futuro no vayamos a tener dificultades; sino que, en la medida en que se vayan presentando, contaremos con la gracia de Dios para asumirlas.
Convezámanos de una cosa: la gracia, al igual que el maná que alimentó a los judíos en el desierto, no "se almacena". Forma parte del "pan de cada día" que pedimos en el Padrenuestro. Para lograr permanecer libre del pasado como del futuro, es imprescindible obligarse a hacer un trabajo de "reeducación" de nuestra psicología. Experiencias tenemos de cosas que nos imaginábamos muy difíciles, después nos resultan sencillas y viciversa. Vale más recibir las cosas como van viniendo una tras otra, con la confianza que tendremos la gracia en el momento preciso. Cuando nos proyectamos hacia el futuro perdemos muchas energías..
"A cada día le basta su propio afán".
Oración.
Querido Jesús, en realidad, como dice el escritor de La libertad Interior, Jaques Philippe, muchas veces sufrimos de antemano pensando en todas las cosas que podrían pasar si eso que imaginamos llegara a suceder. Es una bendición saber que tenemos tu gracia, es decir, tu ayuda cuando las cosas estás pasando, cuando son reales y no cuando las imaginamos. En esos casos podemos acudir a ti con la confianza de que contaremos siempre con tu ayuda, la tendremos tarde o temprano y muchas veces no por los caminos que nosotros queremos, sino por los tuyos que ven mucho más que los nuestros y siempre son los mejores para nosotros. Tenemos que creer cada día más en el amor tan grande que tienes por cada uno de nosotros. Pedírte que afiances nuestra confianza en ti. Pedir, pedir, sin miedo a pedir demasiado: "Pedid y recibiréis", nos dices en tu Evangelio
