martes, junio 27, 2006

LA LIBERTAD 36 (continuación)

Foto de Chris Best
El mañana se preocupa de sí mismo.
Como hemos dicho, tenemos el defecto de añadir al peso de hoy el del pasado e incluso el del porvenir. No se trata de volvernos irresponsables o faltos de previsión, tenemos obligación de hacer proyectos y pensar en el mañana. Pero tenemos que hacerlo "sin inquietud", sin preocuparnos porque eso no nos deja vivir el momento presente. El corazón no puede quedar atrapado por lo incierto del mañana y recibir al mismo tiempo la gracia del momento presente: una cosa excluye la otra. Así se entienden esas palabras de Cristo: "Buscad el Reino de Dios y lo demás se os dará por añadidura", Esto, evidentemente, no quiere decir que en el futuro no vayamos a tener dificultades; sino que, en la medida en que se vayan presentando, contaremos con la gracia de Dios para asumirlas.

Convezámanos de una cosa: la gracia, al igual que el maná que alimentó a los judíos en el desierto, no "se almacena". Forma parte del "pan de cada día" que pedimos en el Padrenuestro. Para lograr permanecer libre del pasado como del futuro, es imprescindible obligarse a hacer un trabajo de "reeducación" de nuestra psicología. Experiencias tenemos de cosas que nos imaginábamos muy difíciles, después nos resultan sencillas y viciversa. Vale más recibir las cosas como van viniendo una tras otra, con la confianza que tendremos la gracia en el momento preciso. Cuando nos proyectamos hacia el futuro perdemos muchas energías..
"A cada día le basta su propio afán".

Oración.
Querido Jesús, en realidad, como dice el escritor de La libertad Interior, Jaques Philippe, muchas veces sufrimos de antemano pensando en todas las cosas que podrían pasar si eso que imaginamos llegara a suceder. Es una bendición saber que tenemos tu gracia, es decir, tu ayuda cuando las cosas estás pasando, cuando son reales y no cuando las imaginamos. En esos casos podemos acudir a ti con la confianza de que contaremos siempre con tu ayuda, la tendremos tarde o temprano y muchas veces no por los caminos que nosotros queremos, sino por los tuyos que ven mucho más que los nuestros y siempre son los mejores para nosotros. Tenemos que creer cada día más en el amor tan grande que tienes por cada uno de nosotros. Pedírte que afiances nuestra confianza en ti. Pedir, pedir, sin miedo a pedir demasiado: "Pedid y recibiréis", nos dices en tu Evangelio

domingo, junio 25, 2006

LA LIBERTAD 35 (continuación)

Foto de Jed Andrews

"A cada día le basta su propia contrariedad".
Estas son unas de las palabras más llenas de sabiduría. Muchas veces nos quejamos de sufrir demasiado, sin darnos cuenta que a menudo somos un poco masoquistas como si no nos bastara el dolor de hoy, a éste le sumamos los pesares de ayer y las inquietud con respecto del mañana. No es de extrañar que nos hundamos. Permitimos que el pasado pese sobre nosotros cada vez que recordamos en vano las malas elecciones del ayer, como si pudiéramos cambiarlas, como: remordimientos por antiguas faltas; cada vez que rumiamos nuestros fallos, nuestra sensación de derrota.

Es evidente que tenemos que pedir perdón a Dios por nuestros pecados o aprender la lección que nos enseña la experiencia, pero sin volver a darle vuelta una y otra vez. Hacerlo una vez con sinceridad es suficiente. Tenemos que tratar de reparar el mal que hayamos hecho siempre que sea posible, pero en la mayoría de los casos lo que hay que hacer es dejarlo todo en las manos de Dios, confiando en su omnipotencia para reparar y sacar fruto hasta de nuestros errores. No se trata, claro, de volvernos indiferentes ante el mal cometido, o de ser superficiales e irresponsables, sino de prohibirnos toda actitud o pensamiento que nos impida vivir el momento presente o armarnos de confianza y sentido positivo.

Oración
Mi querido Jesús, entiendo que no tenemos derecho a dejarnos acorralar por nuestro pasado y luchar por rechazar esos pensamientos de fracaso o de tristeza. Esa sería una falta de confianza en tu misericordia y en tu poder infinitos, que nos amas y estás dispuesto a ofrecernos una nueva oportunidad, sin que el pasado sea jamás un impedimento para alcanzar el fin para el que fuimos creados, volver a ti. ¡Ah mi Señor! haz que nuestra confianza en tu amor incondicional por cada uno de nosotros crezca día a día, sé que no tenemos que cansarnos jamás de pedirte esa certeza. Nos amas tanto como al "hijo pródigo", la parábola más hermosa y consoladora del Evangelio, en que nos mostraste cómo es el amor de nuestro Padre Dios por sus hijos.(Lucas 15,11-32)

viernes, junio 23, 2006

LA LIBERTAD 34 Continuación)

Foto de Jean Pierre Romeyer
Sólo ser puede sufrir un instante.
Este empeño por vivir cada instante tal como se presenta abandonando tanto el pasado como el futuro en las manos de Dios y en su misericordia, es más importante todavía en momentos de sufrimiento. Ésto es lo que decía Santa Teresita de Lisieux durante su enfermedad: Únicamente sufro un instante. Sólo nos desesperamos y nos desanimamos si pensamos en el pasado y en el porvenir..." Tenemos la gracia para sobrellevar el sufrimiento que nos corresponde "hoy" y ahora. Lo que normalmente acaba por hundirnos es la proyección en el futuro; no el dolor sino la representación que nos hacemos de él.

"El gran obstáculo es siempre la representación, y no la realidad. Cargamos con la realidad y todo su sufrimiento, con todas las dificultades que trae consigo: la cargamos, nos la echamos a la espalda y es llevándola encima como aumenta nuestra resistencia. Sin embargo con la representación del dolor sí que hay que acabar. Y es acabando con esas representaciones que aprisionan la vida tras sus barrotes, como liberamos en nosotros mismos la vida real con todas sus energías y como nos hacemos capaces de soportar el auténtico dolor, tanto en nuestra propia vida como en la de la humanidad".

Oración.
Mi querido Jesús,qué alivio sentí cierta vez que le escuché a alguien sabio decir, que todas esos temores de posibles accidentes o enfermedades que a veces sentimos las mamás cuando un hijo sale por primera vez a alojar a casa de un amigo o se atrasa en llegar o se va de viaje o se enferma y que nos provocan angustia y miedo, era porque no contábamos con la gracia de Dios para esas verdaderas tragedias que imaginábamos, y que Dios nos daba la gracia para sobrellevarlas cuando eran una realidad solamente. Saber eso, creer que Dios nos ama así y que siempre nos va a ayudar cuando lo necesitemos es algo que podemos verificar en la práctica. Y ésto es verdad para todas esas veces que en distintas cicunstancias echamos a volar nuestra imaginación con estas ensoñaciones dañinas que nos asustan y con las que podemos provocarnos verdaderos males, incluso enfermedades. En esos casos Dios no nos va a ayudar. Aunque tú eres tan bueno, que nos puedes ayudar a no pasarnos películas.

jueves, junio 22, 2006

LA LIBERTAD 33 (continuación)

Foto de Marsyan D.

El verbo amar sólo se conjuga en presente.
Aquí tenemos un consejo luminoso para aprenderlo y hacerlo propio. En los tratados de espiritualidad se suele hablar de las etapas de la vida interior, se le compara a veces con los peldaños de una escalera hacia la perfección. Y se puede aprender mucho de estos escritos. Pero el autor de este libro dice: Suelo decir en broma que la escalera hacia la perfección no tiene más que un peldaño: el que subo "hoy". Sin preocuparme del pasado ni del futuro, "hoy" me decido a creer, "hoy" me decido a poner toda mi confianza en Dios, "hoy" elijo amar a Dios y al prójimo. E, independiente del resultado de mis buenos propósitos, sean un éxito o un fracaso, al día siguiente -- que es un nuevo hoy que me regala la paciencia divina -- vuelvo a empezar. Y así incansablemente, sin intentar medir mis progresos, sin desanimarme por lo que no me salió bien, ni vanagloriarme de los logros; sin contar únicamente con mis fuerzas, sino sólo con la fidelidad del Señor.

San Pablo describe así esta actitud fundamental de la vida espiritual: "olvidando lo que queda atrás, persigo lo que está delante, lanzándome hacia la meta..."
Y Santa Teresita de Lisieux es otro ejemplo: "¡Oh, Jesús!, para amarte no tengo nada más que el hoy."

Oración.
Mi querido Jesús, ¿por qué nos resulta tan difícil seguir este consejo, que nos aliviaría tanto del peso de nuestras culpas, de nuestros recuerdos amargantes, de nuestros rencores guardados y de tantas otras cosas desagradables que mantenemos y cultivamos en la memoria? Y también de los sueños absurdos para el futuro, de esas pérdidas de tiempo en que planeamos o ambicionamos cosas irrealizables y vivimos el presente distraídos sin apreciar, gozar y aprovechar bien el aquí y el ahora. No hemos aprendido a aprovechar el presente que se nos escapa de los manos como el agua que corre, sin pensar en cómo se pierde. Es que este consejo tan lógico, tan bueno, queremos que nos resulte al primer intento y se nos olvida en primer lugar pedirte ayuda, y se nos olvida también que las cosas buenas hay que pelearlas, intentarlas una y otra vez hasta que salgan. Es como cualquier deporte, hay que precticarlo sin rendirse. Por favor Señor, ayúdame a ser constante en el intento.

miércoles, junio 21, 2006

LA LIBERTAD 32 (continuación)

Foto de Ross Murphy
A fin de cuentas lo único que nos pertenece es el momento presente.
En primer lugar, el "ahora" es la presencia de Dios: "Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo". (Mateo 28,20). Dios es el eterno presente. Tenemos que convencernos de que cada instante, sea cual sea en el que estemos, está lleno de la presencia de Dios. Cada segundo se convierte es un momento de comunión con la eternidad. Deberíamos aprender a vivir cada momento presente con conciencia. Nuestra sensación de vacío o de frustración, esa impresión de que nos falta eso o aquello, proviene a menudo del hecho de vivir en el pasado (entre lamentos y añoranzas) o en el futuro (cargado de temores o esperanzas vanas), en vez de vivir cada segundo acogiéndolo tal como es, es decir, lleno de la presencia de un Dios que nos ama infinitamente.

En el momento presente, a causa de ese amor infinitamente misericordioso con que me ama el Padre, siempre cuento con la posibilidad de volver a empezar de cero, sin que el pasado (por lamentable que haya sido) me lo impida, y sin que el futuro (aunque parezca obscuro) me atormente. Mi pasado está en manos de la Misericordia divina, que puede sacar provecho de todo, tanto de lo bueno como de lo malo, y mi porvenir en manos de su Providencia, que no se olvidará de mí. Vivir el momento presente ensancha el corazón.

Oración.
Mi querido Jesús, ¿por qué nos cuesta tanto creer que tú nos amas así, infinitamente, sin límites? ¿Será porque nuestra experiencia humana nos ha demostrado muchas veces que siempre nos estamos poniendo condiciones entre nosotros y a mí misma? Yo sola no puedo llegar a ese convencimiento sin tu ayuda, así que te pido de todo corazón que me la des cada día más a mí y a todos los que lean esto. Cuando logro imaginarte recibiéndome con ternura, abrazándome y besándome como al hijo pródigo, sin echarme en cara ninguna ofensa que te he hecho en mi vida, siento el calor de tus brazos, cierro los ojos y me invade una paz indecible y quisiera quedarme así para siempre.
Entiendo ahora que el pecado es siempre una falta de amor, a mi prójimos o contra mí misma, creados por ti a imagen y semejanza tuya y por eso te ofendemos cuando pecamos porque te ofendemos en lo que tú eres: Amor, puro Amor y nada más que Amor.

martes, junio 20, 2006

LA LIBERTAD 31 (continuación)


El instante presente.
Una de las condiciones indispensables para conquistar la libertad interior es la capacidad de vivir el instante presente, esto es absolutamente fundamental.
Lo primero: no podemos vivir nuestra libertad auténticamente, si no es en el instante presente. No tenemos ninguna influencia sobre el pasado del que no podemos cambiar ni una coma. No es posible poner marcha atrás en el tiempo. Sólo hay un acto de libertad que podemos plantear con respecto a nuestro pasado: aceptarlo tal como es y ponerlo confiadamente en la manos de Dios.
Tampoco somos capaces de dominar nuestro futuro: sabemos muy bien que independientemente de nuestros planes, promesas o previsiones, basta muy poco para que nada salga como pensábamos. Es imposible programar la vida; sólo nos queda acogerla un instante tras otro.

Al fin de cuentas, lo único que nos pertenece es el momento presente; sólo en el instante presente establecemos un auténtico contacto con la realidad. Podríamos entender como trágico lo fugaz del momento presente o el hecho que ni el pasado ni el futuro nos pertenezcan. Pero desde la perspectiva de la fe y la esperanza cristiana, el instante presente se revela ante nosotros como un tesoro de gracia y de inmenso consuelo.
(En la libertad 32 veremos el por qué de esta mirada de inmenso consuelo)

Oración.
Querido Amigo mío, me quedo pensando en que sé de un rato en que sí es bueno mirar el pasado y el futuro y ese momento es el de el examen de conciencia que nos conviene tener como práctica antes de acostarnos cada día. Nos es tremendamente conveniente para ir conociéndonos mejor y más aún si lo hacemos poniéndonos en tu presencia, para no mentirnos a nosotros mismos o justificarnos, como es nuestra costumbre tantas veces. ¿Cómo contesto estas tres preguntas con sinceridad? : ¿Qué he hecho bien hoy día, con respecto a lo que Dios quiere de mí? ¿Qué he hecho mal hoy día? y ¿Qué puedo hacer mejor mañana?

viernes, junio 16, 2006

LA LIBERTAD 30 (continuación)

Foto de Julayne Luu
El mal viene a llenar un vacío.
Jesús vivió inmerso en un océano de mal, de odio, de violencia, de mentira. Su corazón fue destrozado de parte a parte; ningún hombre ha sufrido como Él; y sin embargo no se ha dejado alcanzar por el mal, éste no ha logrado penetrar en Él, porque su alma estaba llena de confianza en el Padre, de abandono y de ofrecimiento amoroso. Si el mal penetra en nuestro corazón, es porque ha encontrado en él un lugar en que anidar, si el sufrimiento nos vuelve agrios o malos, es porque nuestro corazón está vacío: vacío de fe, de esperanza y de amor.

Evidentemente, esta capacidad de ser libre con respecto al mal no sucede rápidamente, sino que es una larga conquista y, sobre todo, una prolongada labor de la gracia, que nos hace crecer en estas tres virtudes teologales (fe, esperanza y amor). Es un aspecto de la madurez intelectual y es sin duda un don de Dios más que el resultado de nuestros esfuerzos. Si nos enraizamos en Dios a través de la fe y la oración, si dejamos de reprocharle a los que están alrededor todo lo que no anda bien en nuestra vida y de considerarnos víctimas de los demás o de las circunstancias, si asumimos decididamente nuestra responsabilidad y aceptamos nuestra vida tal como es, si ejercitamos en todo momento nuestra capacidad de creer, de esperar y de amar, si nos proponemos conquistarla, esta libertad nos será concedida progresivamente.

Oración.
¡Ah mi querido Señor!, cuando leemos que es algo que cuesta tiempo y esfuerzo nos desanimamos, porque o no sabemos u olvidamos que sin ti nada podemos hacer. Somos débiles e inconstantes en general, queremos que las cosas resulten rápido. Hace años le escuché en un Retiro de Semana Santa a un sacerdote que nos dio un consejo muy, pero muy valioso, nos dijo que cuando una persona quiere acercarse a Dios y vivir realmente el cristianismo, era muy difícil conseguirlo solo, los entusiasmos en general eran superficiales y pasajeros y que él recomendaba unirse a alguna comunidad o movimiento católico, porque ahí podía ser alimentada y estimulada su búsqueda y su constancia y podía encontrar personas preparadas que lo ayudaran y animaran. Nombró varios movimientos y añadió que todos eran buenos porque perseguían el mismo fin, pero poniendo énfasis en distintos aspectos de nuestra fe. Consejo realmente bueno y sabio.

jueves, junio 15, 2006

LA LIBERTAD 29 (continuación)

Nuestra complicidad refuerza el mal. El mal, lo que nos hace daño a nosotros mismos son nuestras reacciones que viene de nuestro interior. Tenemos que pedir al Señor la gracia de detectar en nosotros toda esa complicidad con el mal (especialmente con la palabra), porque a veces, muchas veces, en lugar de contrarrestarlo, lo inflamos, lo agrandamos.
Cuando nos fijamos demasiado en lo que no "anda bien", cuando lo convertimos en el tema preferido de nuestras conversaciones, cuando nos quejamos de nuestros problemas y nos desanimamos, el mal se nos hace más grande de lo que es en realidad. A veces nuestra manera de enfrentar y lamentarnos de algo que nos hace sufrir sólo logra reforzarlo. Un sacerdote decía: "No me voy a pasar la vida denunciando el pecado: eso sería hacerle demasiado honor. Prefiero alentar el bien antes que condenar el mal". Y creo que no se equivocaba.

Esto también se puede aplicar a nosotros mismos. Vamos a avanzar en forma mucho más segura y eficaz si nos entregamos de lleno al bien de que somos capaces, a pesar de nuestras fallas, mucho más que deprimiéndonos o sufriendo exageradamente por nuestras fallas.
En igual forma se avanza mucho más en el crecimiento espiritual estimulándolo con lo positivo, que insistiendo en cada uno de los errores que cometemos.
Más grave es esa "perversa satisfacción" que se sentimos o se apodera de nosotros cuando criticamos y contamos eso de malo que hemos visto en los demás y a veces en esa forma justificamos una amargura o un rencor nuestro.

Oración.
Mi querido Maestro, realmente tantas veces nos comportamos así, o lamentándonos a viva voz de algo que nos dolió, o "pelando" (chilenismo), hablando mal de las personas por algo que, según nuestro punto de vista, está mal. Me hicieron ver lo importante que es, en la educación de los niños, estimularlos felicitándolos por lo que hacen bien, en vez de cargar la mano retándolos cuando se equivocan. Creo que son malos hábitos que a veces se han arraigado en nuestro modo de ser y que ni nos damos cuenta de el mal que hacemos y que nos hacemos con ellos. Qué bueno es ese consejo que nos daba un santo sacerdote, de hacer un examen de conciencia diaria en la noche para tomar nota de los errores o pecados que se nos van repitiendo día a día, para con tu ayuda corregirlos de a poco. Y es mejor aún empezar por lo positivo, esforzarnos en ver todo lo bueno que siempre hay en los demás. Gracias Señor por lo que nos enseñas, por eso te llamo "mi querido Maestro".

domingo, junio 11, 2006

ORACIÓN PARA IMPLORAR FAVORES POR INTERCESIÓN DEL SIERVO DE DIOS JUAN PABLO II

Foto de HUNG TON
Oh Trinidad Santa,
Te damos gracias por haber concedido a la Iglesia al Papa Juan Pablo II y porque en él has reflejado la ternura de Tu paternidad, la gloria de la Cruz de Cristo y el esplendor del Espíritu de amor.
Él, confiando totalmente en tu infinita misericordia y en la maternal intercesión de María, nos ha mostrado una imagen viva de Jesús Buen Pastor, indicándonos la santidad, alto grado de la vida cristiana ordinaria, como camino para alcanzar la comunión eterna Contigo.
Concédenos por su intercesión, y si es Tu voluntad, el favor que imploramos, con la esperanza que sea pronto incluído en el número de tus santos. Amén.

jueves, junio 08, 2006

LA LIBERTAD 28 (continuación)

Foto de Vladimir Ribinin
El verdadero mal no se halla fuera de nosotros, sino en nosotros.
Hay otra cosa que deberíamos decirnos en momentos de lucha: no es de los cambios de los demás que tenemos que ocuparnos, sino de los nuestros. Hay pocas posibilidades que veamos los cambios de los demás si no nos empeñamos seriamente en cambiar y mejorar nosotros. Es mucho más realista esto : mi influencia sobre los demás no es grande, y los intentos por cambiarlos no tienen demasiado futuro. Y más todavía cuando la mayor parte del tiempo, deseamos que cambien de acuerdo no a lo que Dios nos pide, sino con los criterios y los plazos que nacen de nuestra manera de ver las cosas. Así que si me preocupo especialmente de mi propio cambio, de mi propia conversión, aumentará la esperanza de que las cosas avancen.

Es lógico que el mal que existe alrededor de nosotros nos haga sufrir ; no se trata de blindarse y vivir indiferente a lo que pasa. Pero es bueno darse cuenta que ese mal exterior sólo me hace daño si no me deja reaccionar bien, es decir si reacciono con miedo, con inquietud, con desaliento, con tristeza; bajando los brazos y angustiándome en busca de soluciones precipitadas que no arreglan nada; juzgando, alimentando rencores y amargura, negándome a perdonar... Como dice Jesús en San Marcos 7,15,: "Nada hay fuera del hombre que al entrar en él pueda hacerlo impuro..., pero lo que sale del hombre, eso sí que hace impuro al hombre."

Oración.
Mi querido Maestro, esto me recordó algo que le oí aconsejar a una psicóloga, cuando una mujer la consultó porque quería que tratara a un hija suya de 8 años, y después de una conversación con la madre, le dijo :Yo te aconsejaría que vinieras tú a psicoterapia, porque una de las dos que cambie va a mejorar las cosas entre ustedes y es preferible que seas tú. A ella no le gustó la idea en un primer momento, pero después accedió y... fue todo un éxito para ella y para la hija. Sí, no hay duda que si uno mejora en las reacciones con los demás, toda la familia se beneficia. Son tan sabios tus consejos querido Jesús, que tenemos que leer el Evangelio con el ánimo de ver qué es lo que me quieres decir a mí en lo que estoy leyendo, porque ¿qué sacamos con conocer tus enseñanzas si no nos la aplicamos a nosotros mismos? Se limitaría a ser un conocimiento intelectual más sin que me sirviera a mí, que es lo que tú quieres. Gracias Señor.

sábado, junio 03, 2006

LA LIBERTAD 27 (continuación)

Foto de Asier Castro de la Fuente
Muchas veces nos inquietamos o nos alteramos con lo que sucede a nuestra alrededor. Supongamos que lo que me hace perder todo mi ánimo y mi energía espiritual es fijarme en un montón de cosas negativas; por ejemplo: como el desorden de los que viven conmigo o que los hijos sacan las herramientas y no las dejan en su lugar, o esa persona que me llama y habla interminablemente por teléfono, o la rodilla que no me deja de doler, o el mucho pan que consume la empleada, o muchos detalles y no tan detalles. Y con tantas contrariedades que generalmente nos topamos, me pongo de mal genio, criticón, quejosa, reclamador y eso va quitándome la paz. Además cuando me pongo negativo no tengo ni devoción ni ganas de dar gracias ¿de qué?, o de pedir, ¿para qué si no me oyen? Y ahí empieza la tibieza, ¿y para qué voy a ir a Misa si no "siento" nada?

Tenemos que darnos cuenta cómo actúa la tentación y reaccionar diciendo: pase lo que pase debo conservar mi fervor, continuar amando a Dios y rezando; debo amar a las personas con las que convivo, porque el amor nunca será en vano. "Donde no hay amor, pon amor y sacarás amor" dice San Juan de la Cruz.
Si por el contrario me entristezco y me desanimo, no resuelvo nada: sólo añadiré mal sobre mal. "El mal no puede vencerse más que con el bien"

Oración.
Querido Jesús, amar a las persona con las que convivo, amar a Dios...; me deja pensando en la confusión que nos produce la palabra amor, a veces tan mal empleada, y con frecuencia tendemos a interpretar amor con sentimiento de afecto. Y cuando tú nos pides amarte a ti sobre todas las cosas, pensamos que es muy difícil, aunque tú mismo nos dejaste muy claro qué es el amor a Dios: "Si hacéis lo que yo os mando, ese es el que me ama y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos nuestra morada dentro de él". Te amamos, cuando cumplimos lo que tú nos enseñaste. Y con toda razón lo mandas, tú nos creaste por amor, te pertenecemos. Nos diste la libertad para que libremente eligiéramos amarte... ¿No es todo esto para dejarnos pensando? Ayúdanos a darnos cuenta, porque somos tan limitados y complicados de entendederas Dios mío.

viernes, junio 02, 2006

LIBERTAD 26 (Continuación)

Foto de Leigh Perry
Después de un suceso doloroso o de una conducta negativa de una persona que nos afecta, tenemos la sensación de vernos privados de algo que consideramos valioso, importante. Puede ser algún bien material, afectivo, moral ( no haber recibido el amor al que se tenía derecho, por ej.).

Para poder perdonar y vivir en paz y sin rencores, es necesario darse cuenta de algo importante, llegar a comprender cuáles son los bienes auténticos y darnos cuenta que eso malo que me hicieron no me priva de nada realmente importante. Por supuesto que me pueden privar de cosas materiales o del plano humano, pero nadie puede quitarme lo esencial, el único bien verdadero y definitivo que es el amor que Dios me da y el que yo puedo darle y el crecimiento personal que me viene de eso. Nadie nunca me puede privar de la posibilidad de creer en Dios, de esperar en Él, de amarlo en todo lugar y circunstancia. Porque es esencialmente a través del ejercicio de la fe, de la esperanza y del amor como se construye el hombre. Hay en nosotros algo indestructible que está garantizado por la fidelidad y el amor de Dios por nosotros.

Aunque a mi alrededor el mundo se desmoronara, nada me quitaría la posibilidad de rezar, de amar a Dios y de poner en Él toda mi esperanza. Tenemos que entender bien esto, porque siempre nos va a importar lo que sucede y nos duele o nos perjudica. Tenemos que preguntarnos, ¿está en mi mano hacer algo de un modo real y concreto? Si la respuesta es sí, será un pecado de omisión no hacer nada. O sea que, aunque parezca que todo va mal, es absolutamente necesario que conservemos esa libertad nuestra de seguir esperando en Dios. Porque el demonio ( que sí existe), muchas veces busca desmoralizarnos y uno de sus métodos preferidos consiste en inquietarnos con lo que nos toca de cerca. (En la próxima "gota de agua" pondré algunos ejemplos que clarifican esto.)

Oración.
¿Qué puedo decirte mi querido Amigo? ¿Qué más quisiera que tener esa absoluta confianza en ti que sólo tú me puedes dar? Claro que no me puedo sentar a esperarla, porque tú quieres que me esfuerce en pedírtela una y otra vez, sin desanimarme, sin pensar que no quieres dármela, “Pedid y recibiréis”, dijiste. Creo que leí o escuché que la falta de confianza en Dios fue el pecado original y todos tenemos las secuelas. La soberbia es eso: yo puedo solo, no necesito de nadie, ni menos que me vengan a decir lo que tengo que hacer o lo que tengo que pensar… Y que el llegar a tener esa confianza total en ti es trabajo de toda la vida. Es muy bueno tenerlo siempre presente, gracias Jesús.

jueves, junio 01, 2006

LA LIBERTAD 25 (Continuación)


Con la medida con que midáis seréis medidos vosotros.
Uno de los pasajes del Evangelio más bellos sobre la invitación a perdonar lo encontramos en Lucas 6,27-38. Nos puede guiar en nuestra relación con los demás. Son palabras muy exigentes, pero se trata de una exigencia que debemos entender como un "regalo" magnífico que Dios quiere hacernos. "Dios da lo que pide", y esta palabra contiene la promesa de poder transformar nuestro corazón hasta el punto de hacernos capaces de amar con un corazón tan puro, tan gratuito y tan desinteresado como el suyo. Dios quiere "concedernos" que perdonemos como sólo Él es capaz y que de este modo nos volvamos semejantes a Él, porque Dios nunca es tan Dios como cuando perdona. Dios se ha hecho hombre para que el hombre se haga Dios, es decir, ame como sólo Dios es capaz de amar, con la pureza, la intensidad, la fuerza, la ternura y la paciencia que nunca se cansa, propias del amor divino,

Un significado más profundo que el de premio o castigo, nos indica que no es Dios quien castiga ("En la medida que midáis seréis medidos vosotros"), sino el hombre quien se castiga a sí mismo. Este versículo de Jesús nos enuncia una ley propia de la existencia humana: el que se niega a amar antes o después será víctima de su falta de amor. Cuando yo juzgo,o desprecio, o lo rechazo, o le guardo rencor, me meto en una trampa que terminará por ahogarme ; el recuerdo me perseguirá, ese rencor me envenenará la vida, me separa, me aleja de personas unidas a mí por amistad que me ha traído buenos y felices momentos.

Oración.
Querido Jesús, es verdad Señor, si miro para atrás en mi vida, recuerdo que herí mucho a una persona a quien le pedí perdón cuando me lo dijo, pero ella no pudo perdonarme y eso nos alejó irremisiblemente con gran dolor de mi parte. Qué dolor podemos causarnos unos a otros por esa imposibilidad de perdonarnos. Estoy segura que muchos de nosotros tienen las mismas o parecidas experiencias y por eso nos ayuda tanto la fe, porque creemos en tus palabras en el Evangelio, te creemos a ti que sólo buscas nuestra propia paz y felicidad con lo que nos enseñas. Claro que cuesta, porque vamos contra nuestras propias tendencias a vengarnos, a culpar o a rechazar una culpa, en suma a perdonar y a pedir perdón. No podemos olvidar que sin ti nada podemos hacer.