sábado, agosto 26, 2006

LA LIBERTAD 48 (continuación)

Foto de Nate Hall
El amor necesita de la esperanza; la esperanza se fundamenta en la fe.
El amor necesita espacio para expandirse y crecer; es una realidad maravillosa, pero en cierto sentido también frágil. ¿Y qué necesita, qué es ese espacio? El medio concreto que necesita es la esperanza. Si nos fijamos un poco en lo que nos ha pasado a veces, nos daremos cuenta que cuando el amor se enfría o deja de crecer se debe a nuestros anhelos, nuestros miedos, nuestras inquietudes lo están ahogando. En un diálogo con Santa Faustina, Jesús afirma que "los mayores obstáculos para la santidad son el desaliento y la inquietud."

De alguna manera, el amor es connatural, propio del hombre: éste ha sido creado para amar y lleva dentro de sí una aspiración profunda a entregarse (aunque pocas veces seamos conscientes de ello, la necesidad más profunda del hombre es sin duda entregarse).
La realidad es que, muy a menudo, el amor no crece: su desarrollo se ve bloquedo por algo. La mayoría de las veces el problema está en la falta de esperanza.

Oración.
Mi querido Jesús, de ti hemos recibido la capacidad maravillosa de amar, es lo que más anhelamos, ser amados y amar. Pero nuestra tendencia es de centrar esa capacidad en nosotros mismos: primero yo, segundo yo, tercero yo y quizás de vez en cuando, tú. "Amaos los unos a los otros como yo os he amado", "nadie tiene amor más grande que el que da su vida por sus amigos", "En esto reconocerán que sois mis amigos, en que os amáis los unos a los otros". ¡Oh Señor! ¿por qué nos cuesta tanto olvidarnos de nosotros mismos? ¿Esa es la cruz que nos pides para seguirte?

martes, agosto 22, 2006

LA LIBERTAD 47 (continuación)

Foto de vika elkina

Dinamismo de las virtudes teologales y papel clave de la esperanza.
El fin de la obra del Espíritu Santo en nuestra vida consiste en despertar y hacer crecer las virtudes teologales de la fe, la esperanza y la caridad: éste es, por decirlo así, su "papel principal", y todos los demás carismas y dones son medios para hacer crecer la fe, la esperanza y la caridad. Las tres virtudes teologales no se pueden separar; ninguna de ellas es capaz de existir realmente sin las otras.

La más importante de las tres es, por supuesto, el amor. "A la tarde te examinatán en el amor", dice San Juan de la Cruz. Recuerden el "Himno a la caridad" de la primera carta de los corintios de San Pablo (Cor 13,2-13): "Si hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, pero no tuviera caridad, sería como bronce que resuena o címbalo que retiñe. Y si tuviera el don de la profesía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, y si tuviera tanta fe como para transladar montañas, pero no tuviera caridad, no sería nada..." La fe y la caridad son provisionales, sólo para este mundo, y pasarán al morir: en el cielo la fe será reemplazada por la visión de Dios, la esperanza por la posesión de Dios; sólo el amor no pasará jamás: nada reemplazará a la caridad porque ella es el fin que deseamos, aún sin saberlo.
Es imprescindible comprender que aquí en la tierra el amor no puede existir sin sus "siervas": la caridad tiene una total necesidad de ellas para crecer.

Oración.
Querido Jesús, el amor es lo que buscamos todos aún sin saberlo, es verdad; el amor que es ternura, comprensión, misericordia, que es perdón, tolerancia, aceptar a los demás como son, delicadeza, fidelidad y todo lo que en el fondo de nuestro ser ambicionamos recibir, lo tenemos en ti y lo tedremos a plenitud en el cielo. Tú, amado Maestro, nos demostraste ese amor hasta el extremo dando tu vida por nosotros: "Nadie tiene amor más grande que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos." ¡Gracias Señor, gracias por tenernos como amigos!.

lunes, agosto 21, 2006

LA LIBERTAD 46 (continuación)

LA LIBERTAD 46 (continuación)
Foto de Scott Cromwell
El fuego que ilumina, abrasa y transforma.
Poniendo un ejemplo para entender mejor: Cuando el fuego se acerca a la leña, en primer lugar la ilumina, la alumbra y la aviva; esta fase corresponde a un misterio gozoso: el amor divino que se nos revela a nosotros nos da luz y calor. Si el fuego se aproxima más aún, en un primer momento los efectos son aparentemente adversos: en contacto con la llama la leña comienza a oscurecerse, a echar humo a oler mal y a desprender brea y otras substancias desagradables. Se trata de la efusión dolorosa: el alma, penetrada más hondamente por la implacable luz divina experimenta su miseria, su pecado y su absoluta impureza. Esta etapa dura el tiempo necesario hasta que el fuego purificador haya concluído su tarea y el alma en su totalidad sea iluminada y abrasada, transformada en fuego de amor, como la leña quemada que, adelante, también quedará convertida en fuego. Es la efusión gloriosa en la que el alma es fortalecida con la carida (amor de Dios), ese fuego que Jesús ha venido a traer a la tierra.

En opinión del escritor de "La Libertad Interior", Jacques Philippe, la mejor enseñanza que podemos sacar de este ejemplo es la de tener un gran optimismo para enfrentar esos momentos en que la experiencia de nuestra debilidad y miseria nos bota, nos desanima. No tenemos que desesperarnos, sino continuar entregándonos a Dios confiadamente, convencidos de que - antes o depués - esta miseria nuestra se transformará en ardiente caridad. Santa Teresita del Lisieux le escribe a su hermana María del Sagrado Corazón: "Alejémonos de todo lo que brilla, amemos nuestra pequeñez... entonces seremos pobres en el espíritu y Jesús vendrá a buscarnos. Por muy lejos que estemos, nos transformará en llamas de amor.

Oración.
Mi querido Maestro, te llamo así porque admiro tanto tus enseñanzas que quisiera trasmitirlas a todo el mundo. No desanimarnos, dice el Padre Philippe, confiar en ti siempre, en la buena o en la mala. Estoy convencida que lo que más ayuda a confiar en ti, es realmente creer en el amor que nos tienes, incondicional, a cada uno de nosotros tal como somos, con nuestrs defectos, débiles, poca cosa... Por eso no desanimarnos, pedirte perdón, pedirte ayuda y empezar de nuevo. "Comenzar y recomenzar" como decía un santo al que quiero mucho.

domingo, agosto 20, 2006

LA LIBERTAD 45 (continuación, leer La Libertad 44 antes)

Foto de Desh Sharma

Este episodio de la vida de Pedro tiene una enseñanza fundamental para nosotros: la verdadera esperanza, la teologal (que nos une a Dios), sólo puede proceder de una experiencia de profunda pobreza, mientras somos ricos, contamos con nuestras riquezas; no podemos hacer otra cosa, ya que es algo "grabado" en nosotros. Para aprender a esperar que consiste en contar solamente con Dios, es necesario pasar por unos empobrecimientos radicales, que son la fuente de la felicidad, porque son la etapa previa a una extraordinaria experiencia de la bondad, la fidelidad y el poder de Dios.. "Bienaventurados los pobres de espíritu - podríamos traducir como los probados por el Espíritu - porque de ellos es el Reino de los Cielos".

Pentecostés y el don de la caridad.-
Siguiendo con el simbolismo del Rosario que terminan con los misterios gloriosos, Pentecostés fue para Pedro y los demás discípulos una "efusión gloriosa" del Espíritu Santo: una efusión del Espíritu Santo que llena a la persona de la presencia divina, que une íntimamente con Cristo y que nos da la valentía para amar. Esta fuerza venida de lo alto es la fuente de la caridad, el fuego del amor, la valentía de amar a Dios sobre todas las cosas, de confesarlo con audacia delante de los hombres y en Pedro, a consagrar toda su vida al servicio del prójimo a través del anuncio del Evangelio.

Oración.
Querido Jesús, es muy impresionante lo que nos enseña este sacerdote al mostrarnos que esa experiencia de profunda pobreza es necesaria para superar en nosotros la soberbia que nos hace creernos dueños y señores de nuestras vidas, Esa pobreza, que puede ser el sufrimiento, el fracaso o una experiencia fuerte de pérdida e incluso una depresión, nos puede llevar a la verdadera humildad que es como la base de la fe. Y de hecho, instintivamente lo demostramos así cuando algo nos asusta mucho, generalmente recurrimos a pedirle ayuda a Dios, a ti mi Señor, porque sin ti nada podemos hacer.

jueves, agosto 17, 2006

LA LIBERTAD 44 (continuación)

Foto de Yavuz Arslan
La vocación y el don de la fe.
Sin duda la primera efusión del Espíritu Santo en su vida (de San Pedro) está relacionada con el momento de su vocación, cuando se siente empujado a dejarlo todo (oficio, redes, barca, familia...) para seguir a Jesús. En Pedro tanto el mensaje como la persona del Señor le provocan una fuerte conmoción: "Jamás hombre alguno ha hablado como Él". Jesús le dice "ven y sígueme". Ahora vivirá consagrado a un proyecto extraordinario, Pedro presiente que sus palabras son palabras de vida eterna. Es el Espíritu Santo quien le revela el sentido nuevo de su propia existencia, provocando en él una alegría enorme. Esta es un de esas "efusiones gozosas" del Espíritu Santo, su papel de iluminar y despertar en el corazón del hombre una respuesta de fe.

Las lágrimas de Pedro.
Pero el Espíritu Santo no es solamente el que enriquece, sino también el que hace pobre, quien nos conduce a través de puertas estrechas. A Pedro le sucede en la experiencia más terrible de su vida: la de su traición.. Sin embargo, por la divina misericordia de Dios, esta ocasión se convertirá en una ocasión de una profunda efusión del Espíritu Santo, y que se manifestó a través de sus lágrimas, en las que sentirá toda su miseria y su pecado, pero con las que también recibirá la esperanza del perdón. En esa mirada de Cristo él ve su absoluta miseria y su nada, pero que acaban revelándose infinitamente beneficiosas, porque muestran al hombre su impotencia y lo obligan desde ese momento a no apoyarse sólo en sus fuerzas, ni en las cualidades que está tan seguro de tener o en las virtudes que cree poseer; que lo obligan a contar exclusivamente con la misericordia y la fidelidad divinas, penetrando así en la auténtica libertad.

Oración.
Querido Jesús Maestro, cuánto te agradezco tu venida a la tierra con la que nos muestras el Camino hacia ti en la eternidad. Y veo al mismo tiempo lo corto de miras que somos al leer el Evangelio, vemos tan poco, lo meditamos apenas y a veces terminamos dejándolo porque lo encontramos difícil de entender. Pensando en estos pasajes de Pedro, me doy cuenta de que a golpes parece que aprendemos a ser humildes y a reconocer que sin ti no podemos nada.

sábado, agosto 05, 2006

LA LIBERTAD 43 (continuación de la virtudes teologales "La Libertad" 42)

Foto de John Hutzler

Quedamos en que la fe, la esperanza y la caridad son un don de Dios, pero que necesitan de un acto de la voluntad de parte nuestra para hacerse realidad. Tenemos que querer tener fe y con la mediación de un acto de Dios (oculto o perceptible) esta virtudes se hacen posibles. No existe contradicción entre el obrar de Dios y la libertad humana: Dios es el Creador de nuestra libertad y, cuanto más influye Él en nuestro corazón, más libres nos hacemos. Las virtudes teologales nacen y crecen en el corazón del hombre gracias a la obra y a la pedagogía del Espíritu Santo.

Para entender un poco cómo obra en nosotros el Espíritu Santo, aunque no es posible descifrarlo todo: "El viento sopla donde quiere y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va." (Juan 3,8) Nos podemos basar en la meditación de los misterios del Rosario. Así como en el Rosario tenemos misterios gozosos, de la luz, dolorosos y gloriosos, si pensamos en la obra del Espíritu Santo en nustra vida podría decirse que ésta posee también efusiones de gozo, de luz, de dolor y de gloria. Existen "efusiones" del Espíritu que iluminan y revelan; efusiones del Espíritu que despojan y empobrecen; efusiones del Espíritu que confirman y fortalecen. Las tres son necesarias: las primeras porque hacen brotar la fe, las segundan porque enseñan la esperanza, las terceras para comunicar la valentía del amor.

En la vida de San Pedro tenemos un ejemplo de esta calificación. Si preguntamos en un grupo de catáolicos cuándo recibió San Pedro la efusión del Espíritu Santo, generalmente la respuesta sería: en Pentecostés. Y es verdad, pero esa no fue la única vez.

Oración.
Mi querido Jesús, tú nos creaste libres, porque querías que te amáramos libremente, no obligados. Bueno, a mí tampoco me gustaría que me amaran por obligación, pero sí que me amaran por ser yo quien soy y tal como soy, con mis defectos y mis cualidades. Por eso es que me volé cuando entendí, por fin, que así es tu amor por mí, sin condiciones. me sentí segura, feliz, apoyada y ¡¡¡¡ libre !!!!

viernes, agosto 04, 2006

LA LIBERTAD INTERIOR 42 (continuación)

Foto de Rakesh Syal
Las virtudes teologales
Todo lo positivo y de bueno en nuestra vida nos viene de la gracia divina, de la acción del Espíritu Santo en nuestros corazones. Pero esa gracia sólo puede ser plenamente fecunda en nosotros si cuenta con la cooperación de nuestra libertad. "Os he creado sin vosotros, pero no os salvaré sin vosotros", decía el Señor a Santa Catalina de Siena.
Así entonces, las virtudes son a la vez, misteriosa pero realmente, un "don de Dios y una actividad del hombre".. La fe es un don de Dios, pero, al mismo tiempo es una decisión del hombre, un acto de adhesión voluntaria a la verdad que hemos recibido de Dios. "Creo lo que quiero creer", decía Santa Teresita del Niño Jesús. Puede haber ocaciones en que la fe sea espontánea, pero no debemos olvidar que se trata de un acto de voluntad, una adhesión voluntaria de nuestra voluntad a la palabra de Dios, que a veces exige un gran esfuerzo. Creer no siempre "sale solo": hay momentos en que es necesario armarse de valor para cortar por lo sano con dudas y vacilaciones. Sin embargo, no olvidemos que, cuando hacemos un acto de fe, esto es sólo posible porque el "Espíritu Santo ayuda nuestra debilidad".

También la esperanza es un adhesión que muchas veces necesita de un esfuerzo nuestro. Es más fácil inquietarse, temer o desanimarse, que esperar. Esperar es "dar crédito": esto significa claramente cómo en la esperanza no somos pasivos ya que es un acto de voluntad, que es lo que yo tengo que poner.
En cuanto al amor, también éste es una decisión: quizá cuando el deseo nos empuja a ello, el amor surja espontáneo, pero muchas veces amar significa "decidir" amar o "elegir" amar. Si no fuera así el amor sólo sería emoción, superficialidad o egoísmo, y no lo que es esencialmente, es decir, algo que compromete nuestra libertad.

Oración.
Mi querido Jesús, recuerdo a una persona que me dijo: "¿no es la fe un don de Dios? Pues a mí no me lo dio." Sólo le pude contestar a medias, porque le dije que tenía que pedírtelo, pero me contestó que no tenía fe para pedírla. Ahora le diría que hay que "querer tener fe" y pedírla con insistencia. Y si uno quiere algo se interesa por conocerlo, averigua con personas confiables, pregunta, lee o sea muestra esa voluntad que es necesaria para que tú des la fe. Por eso le dijiste a Santa Catalina: "Os he creado sin vosotros, pero no os salvaré sin vosotros".

jueves, agosto 03, 2006

LA LIBERTAD 41 (continuación)


El dinamismo de la fe, la esperanza y la caridad.
1- Las virtudes teologales.-
La tesis fundamental de esta obra (de Jacques Philippe, "La libertad interior") es la siguiente: sólo podremos adquirir la libertad interior en la medida en que desarrollemos el ejercicio de las virtudes teologales : fe, esperanza y caridad.
Por desgracia la palabra virtud ha perdido, hoy en día, mucho de su significado. En latín "virtus" quiere decir "fuerza". Por lo tanto, la virtud teologal de la fe, es la fe en que para nosotros ella es una fuerza. De la misma manera, la virtud teologal de la esperanza no es una vaga esperanza lejana de la vida eterna en el cielo, sino esa certeza respecto a la fidelidad de Dios, que cumplirá las promesas; una certeza que da una inmensa fuerza. Y en cuanto a la caridad, virtud telogal, podríamos decir que es la valentía de amar a Dios y al prójimo.

Estas tres virtudes teologales forman el dinamismo esencial de la vida cristiana. Es indispensable conocer el papel que desempeñan y convertirlas en el centro de toda la vida espiritual. La madurez del cristiano está en su capacidad para vivir de fe, de esperanza y de caridad. Ser cristiano no es tener tal o cual práctica, ni seguir una lista de mandamientos y deberes; ser cristiano es, ante todo, creer en Dios, esperarlo todo de Él y querer amarlo a Él y al prójimo con todo el corazón. Todos los demás aspectos de la vida cristiana (la oración, los sacramentos, todas las gracias que recibimos de Dios - incluídas las experiencias místicas más sublimes -) no persiguen más que un sólo fin: aumentar la fe, la esperanza y la caridad. Si no es éste su resultado no sirven absolutamente para nada.

Oración.
Mi querido Jesús, ¡Santo Dios! ¿por qué no puede explicarse siempre así lo que es ser verdaderamente cristiano? El último párrafo que escribí es de una claridad meridiana, pero hay tantos cristianos que creemos exactamente al revés, pensamos que ser cristiano es ir a Misa los domingos, rezar, quizá, en la mañana y en la noche alguna oración y portarse más o menos bien y así creer que tú, que eres tan misericordioso y bueno, vas a estar contento con nosotros. ¿Sabes? cómo me gustaría que las personas que lean estas "gotas de agua", que son para meditarlas frente a ti, en tu presencia, se quedaran pensándolas, que se dieran un tiempo, que miraran su vida frente a ti, porque podría ser que nunca hubieran oído tan bien explicado lo que es realmente ser cristiano, con esa sencillez con que lo hace este sacerdote francés en su librito que estoy resumiendo. Esa es mi esperanza Jesús querido. Y que la gente converse contigo como con un amigo, el Amigo.

martes, agosto 01, 2006

LA LIBERTAD 40 (continuación)

Foto de Oscar Vall Gallen
Hablábamos del tiempo del corazón, ese que experimentamos en ciertos momentos de felicidad. Es un tiempo lleno de la presencia de Dios, porque hago lo que tengo que hacer siendo dócil al Espíritu Santo.
Si nos mantuviéramos siempre así, le daríamos menos oportunidades al mal. El demonio se infiltra en los tiempos vacíos o mal vividos por rechazar esto o buscar lo otro con avidez... Para esto es necesaria una inmensa libertad porque es necesario estar dispuesto a hacer en el segundo siguiente, un total desprendimiento de cualquier plan o voluntad personal. Es necesari estar dispuesto a hacer en el segundo siguiente lo contrario de lo que habíamos previsto; vivir el abandono sin inquietud, sin temor; no tener otro anhelo que cumplir la voluntad de Dios; estar siempre disponible a personas y acontecimientos.

Para ir logrando algo que de primera parece superior a nuestras fuerzas es preciso haber experimentado en la oración lo que es la comunión con la presencia de Dios en nosotros y escuchar al Espíritu Santo para seguir sus mociones.
Cuando vivimos así, de acuerdo a ese tiempo interior, experimentamos que nada es por azar, que todos los acontecimientos transcurren de acuerdo con una sabiduría infinita.

Oración.
Querido Jesús, la palabra "mociones" nos resulta misteriosa y miré en el diccionario: moción = una proposición que se hace a alguien. Entonces el Espíritu Santo nos propone algo y como es Dios, lo que nos sugiere es algo bueno. Leía en un libro de oraciones que a la pregunta "pero ¿me oye Dios a mí?" Y tu respuesta era: "Algunos piensan que no les escucho porque no me oyen. Yo hablo en tu conciencia, hablo directamente en tu corazón. Además, no necesito palabras para hablar; como vosotros, que a veces - cuando hay amor - os entendéis sin palabras. Eso que se te ocurre, aquella inclinación a hacer el bien, el buen deseo que sientes, el sentimiento de afecto o comprensión que vives... en muchas ocasiones son pequeñas gracias que yo te envío para que te acerques a mí: son como llamadas que hago yo al timbre de "tu casa", yo, que siempre vivo contigo.