sábado, octubre 28, 2006

LA LIBERTAD 63 (continuación)

Foto de Sean Depuydt

Es normal y bueno que alguien se descubra capaz de hacer tal cosa o tal otra y se esfuerce al máximo para saber qué tanto puede, para adquirir confianza en sí mismo y sentir la alegría de desarrollar los talentos que se le han entregado. La educación y la pedagogía se basan en eso en buena medida y así tiene que ser.
Pero no podemos identificar a la persona con la suma de sus aptitudes: es mucho más que eso.

Cada persona posee un valor y una dignidad únicas, independiente de su "saber hacer". Y, si no se percibe así, existe el gran peligro de, frente a un fracaso, caer en una profunda "crisis existencial"; o de tener frente a los demás una actitud de menosprecio cuando nos topemos con sus limitaciones o con su falta de capacidad. Todo eso puede echar a perder las relaciones entre las personas y hacerlas sentir que el amor no es gratuito como hemos venido viendo que debe ser nuestro amor. ¿Qué lugar queda para los pobres o los discapacitados en un mundo en que la persona sólo existe en función de su eficacia, o del bien visible que puede producir?

Oración.
Querido Jesús, es muy triste pero vivimos en un mundo en que lo más importante es la eficiencia, el triunfo, la competitividad, el ser mejor que el otro, más capaz, más exitoso, más brillante, más destacado y esto especialmente entre los hombres El individualismo ¿no es una consecuencia de esto? ¿Y también el menosprecio de los demás, la envidia, la gran indiferencia hacia la pobreza, o la falta de oportunidades, o hacia el sufrimiento ajeno...? Cada uno encerrado en sí mismo, buscando la felicidad en sus logros en "el tener o en el hacer". Y al interior de la familia esto influye tanto en esos hijos que sienten que sus padres admiran y aplauden más al que se destaca por algo. Y creo que todo esto lo hemos asimilado tanto que ni siquiera se da uno cuenta de que es igual al resto en su valoración de las personas. Y nuestra fe como cristianos ¿no se siente como un peso precisamente porque enseña todo lo contrario? ¿El valor y la dignidad de toda persona, de cualquier persona porque todos somos hijos del mismo Padre Dios a quien le debemos todo lo que somos? Y es ¿no es Él precisamente quien en su principal mandamiento nos manda: "Amaos los unos a los otros como yo os he amado"?

viernes, octubre 20, 2006

LA LIBERTAD 62

Foto de Jody Melanson
O en un plano muy superficial, con frecuencia esta necesidad de identidad se llena con el "tener", con la posesión de bienes materiales, o con ciertos estilos de vida: me identifico con mis bienes: tengo casa en la playa o en el balneario más de moda, o un Mercedes Benz o un BMB; o me identifico y tengo toda mi seguridad en mi aspecto físico; o mujeres que se imponen implantes de silicona para lucir su cuerpo o me identifico con mi moto, mi yate... Se produce entonces una terrible confusión al pretender colmar, llenar la necesidad de "ser" con el "tener". Las cosas pueden hacer disfrutar la ilusión durante algún tiempo, pero no durará mucho: las dificultades, el astío o las desiluciones llegarán luego... ¡Cuántas personas acaban dándose cuenta que sólo se interesaban por ellas por su dinero y no por ellas mismas! Y después de un tiempo de haber vivido como centros de atracción, de repente se encuentran solos.

En un plano más elevado, se busca satisfacer la necesidad de ser a través de adquirir ciertos talentos (deportivos, artísticos o intelectuales). Aunque a primera vista parece mejor que el modo anterior, hay que estar alertas, atentos al peligro de confundir el "ser" con el "hacer", identificando a la persona con el conjunto de sus talentos o aptitudes. Porque ¿somos solamente eso? ¿Y si pierdo mis facultades? ¿Si soy el mejor futbolista del mundo y termino en silla de ruedas? ¿Y soy un experto en literatura francesa y por un accidente pierdo la memoria? ¿Qué seré yo entonces?

Oración.
Mi querido Jesús, este mundo nuestro se ha vuelto consumista, todos los día salen cosas nuevas tentadoras, inventos tecnológicos de "última generación", como se dice ahora, las cosas se fabrican desechables para que duren poco y resulte más conveniente cambiarlas por algo nuevo antes que arreglarlas, la propaganda es implacable a través de los medios de comunicación y se encarga de convencer que no se puede ser feliz si no se adquiere tal o cual cosa. Ahora estamos en un mundo globalizado que tiene sus pros y también sus contras y las cosas van tan rápido que no se preveen sus efectos negativos. Así está nuestro mundo occidental en especial. Y hay tantas personas vulnerables a las que es fácil convencer. Cómo urge la reevangelización, el aprender a darse tiempo para conocerTE, para oírTE, para amarTE, para hacer un poco de silencio en nuestras vidas que nos permita refleccionar en lo que realmente vale la pena.

martes, octubre 17, 2006

LA LIBERTAD 61 (continuación)


La necesidad de ser.
Una de las necesidades más imperiosas en el hombre es la de su identidad: tenemos necesidad de saber quiénes somos, de existir a nuestros propios ojos y a los de los demás.
En el plano psicológico y espiritual la necesidad más profunda del hombre es el amor: amar y ser amado. A esta necesidad de amor están inevitablemente ligadas otras necesidades fundamentales: la de la verdad (para amar hay que conocer) y la de identidad (para amar hay que ser). A estas tres necesidades fundamentales les corresponden las tres facultades espirituales: la voluntad, la inteligencia y la memoria.. Las virtudes teologales, fe, esperanza y caridad nos permiten encontrar en la relación con Dios, la satisfacción última de estas necesidades: la fe posibilita el acceso a la verdad, la esperanza ayuda a hallar en Dios la seguridad y la identidad, y la caridad nos hace vivir en comunión de amor con Dios y con el prójimo.

Bueno, tan fuerte es este deseo de identidad que puede llevar a aberraciones como las que vemos especialmente hoy en día entre hombres y mujeres ( jóvenes la mayoría) que son capaces de tener la apariencia más inverosímil por el simple hecho de existir ante ellos mismos y ante los demás según los modelos que les presentan cantantes o el ambiente cultural o los criterios de una moda cambiante con las que se identifican. Y todo esto se difunde a través de los medios de comunicación trayendo modelos según quien quieras ser: el joven y dinámico ejecutivo, el footbolista de la selección, la top-model, el jefe de la pandilla o el matón del curso o la cantante de moda...

Oración.
Mi querido Jesús, pienso que esto que acabo de escribir viene a confirmar que descendemos de los primates, los monos también se imitan entre ellos. Y ¿qué es la moda en el mundo? Algo que parece obligarnos a todos para no parecer raros ante los demás. Esta necesidad de amar y ser amados es nuestra principal necesidad y de ahí nace ese deseo de ser vistos, entendidos, aprobados, importantes a los ojos de los demás, tomados en cuenta, etc. Y cuántos intentos equivocados por lograrlo hacemos. Tú nos dejaste la clave, con tu ejemplo, darse a los demás,ayudar, servir, perdonar, aceptar a los demás como son..., por amor. Así nos amas tú... Y ahí está nuestra lucha, porque nos amamos tanto a nosotros mismos... Ayúdanos Jesús a aprender a servir para ser felices también en esta tierra.

sábado, octubre 14, 2006

LA LIBERTAD 60 (continuación)

Foto de Guillermo Morgana
Aprender a dar y recibir gratuitamente requiere de una reeducación larga y trabajosa de nuestra psicología, que no se halla "estructurada" para eso, sino que lleva varios miles de años condicionada por la necesidad de sobrevivir. Expliquemos esto: A pesar de nuestros progresos tecnológicos (cada día más espectaculares), en realidad nuestra psicología - podríamos decir - de hombre prehistórico, o, dicho de otro modo, su estructuración se basa en gran parte en mecanismos de defensa, de supervivencia, etc., y no es capaz de una relación confiada y gratuita o de un amor libre y desinteresado.

Se podría decir que la llegada de la Revelación divina y del Evangelio en el mundo es como un fermento evolutivo que tiene como fin "modificar" nuestro psiquismo hacia una lógica de gratuidad que será la del Reino, porque es la del amor. ¡ Una divinización que es una verdadera humanización ! Esta maravillosa y liberadora evolución necesita de la cooperación de nuestra libertad y sólo se puede producir por medio de dolorosas renuncias de la psiquis que a veces son vividas como un auténtico duelo. No se puede llegar a una nueva manera de ser más que a costa de la "muerte" - algo así como una agonía - de muchas de nuestras conductas naturales. Pero una vez atravesada la "puerta estrecha" de esta conversión de nuestra mentalidad penetramos en un universo espléndido: el del Reino, el mundo donde el amor es la única ley.

Oración.
Mi querido Jesús, es que nos queremos demasiado a nosotros mismos y eso de amar a los demás como a nosotros mismos, claro que nos cuesta harto y sin ti no lo podemos lograr. Cuando tú dices: "Sin mí nada podéis hacer" me parece que es en este sentido, porque "seremos examinados en el amor" al final de nuestra vida, por lo que nuestra lucha debe estar centrada en eso: aprender a amar gratuitamente y eso se aprende en el Evangelio, tu vida es una gran catequesis de amor. Gracias Jesús por haber venido a la tierra, no permitas que nos apartemos de ti.

miércoles, octubre 11, 2006

LA LIBERTAD 59 (continuación del resumen del libro de Jacques Philippe, La libertad interior)

Foto de Rick Lundh

APRENDER A AMAR: DAR Y RECIBIR GRATUITAMENTE.
Estamos en el mundo para aprender a amar en la escuela de Jesús. Y aprender a amar resulta muy sencillo: es saber "dar gratuitamente" y saber "recibir gratuitamente. Pero, a nosotros a quienes el pecado nos ha vuelto bastante complicados, una cosa tan simple como ésta se nos hace muy difícil.
En nosotros "dar gratuitamente" no es algo natural: tenemos una fuerte tendencia a dar para recibir a cambio. La entrega de nosotros mismos está motivada siempre, en mayor o menor medida, por la espera de una gratificación. El Evangelio nos invita a superar esta limitación y a practicar un amor tan puro como el de Dios, Jesús nos invita así: "Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada a cambio ; así será grande vuetra recompensa y seréis hijos del Altísimo, porque Él es bueno con los ingratos y con los perversos. Sed misericordioso como vuestro Padre es misericordioso..." (Lucas 6,35)

Tampoco es fácil "recibir gratuitamente". A todos nos encanta recibir cuando lo consideramos una recompensa a nuestros méritos. Pero recibir... Recibir gratuitamente necesita de mucha humildad. No podemos recibir gratuitamente si no reconocemos y aceptamos que somos pobres, es algo contra lo que se rebela nuestro orgullo. Somos mal agradecidos si cada vez en nuestra relación con Dios o con los demás, el bien que hacemos nos hace sentirnos con el derecho de exigir correspondencia o que nos agrdezcan o nos retribuyan. En el Evangelio Jesús intenta por todos los medios acabar con esa lógica. Recordemos el Evangelio de los siervos inútiles (Lucas 17, 10) y también la de los obreros de la viña en que los últimos recibieron el mismo pago que los primeros (Mateo 20,1-16)
Jamás encontraremos la felicidad si nos quedamos en una política de regateos, de derechos y deberes: una lógica que puede tener su razón de ser en nuestra sociedad terrena, pero que debemos ir superando poco a poco para entrar en la del amor.

Orar es hablar con Dios.
Mi querido Jesús, dar parece que nos cuesta menos que recibir. Porque tú eres tan generoso con nosotros y nos cuesta hasta darte las gracias. Pedir tu ayuda y reconocernos débiles, vulnerables, necesitados... si eso es humillante entre nosotros, contigo lo es más. Una prueba de ello es que tenemos que estar muy asustados o muy tristes o muy angustiados para pedir tu ayuda, ahí sí que nos acordamos de ti, pero en general nuestra vida está centrada en lo exterior y decimos que no tenemos tiempo para rezar, para ir a hacerte una visita al Sagrario de una iglesia, para leer sobre ti, para pensar para qué exactamente estamos en el mundo, cuál es el sentido de nuestra vida. Hoy no se piensa en esas cosas, la respuesta nos implicaría quizá un cambio de vida, un compromiso serio y para eso...,¡no tengo tiempo!

domingo, octubre 01, 2006

LA LIBERTAD 58 (continuación, leer antes La Libertad 56 y 57)

Foto de Spencer Jimmie Lee
Todas estas actitudes que hemos descrito que nacen de la "lógica de la ley": como son el orgullo, la desesperación, el legalismo, el mercantilismo y otras que vimos, causan la muerte del amor.
Y la "lógica de la gracia" es justamente la que permite el crecimiento del amor, porque es una lógica de "gratuidad" es el único régimen por el que puede existir el amor, que no tolera ningún otro. Estas palabras de Jesús están entre las más importantes del Evangelio: "gratis lo recibisteis, dadlo gratis". El amor de Dios es absolutamente gratuito; no se puede merecer, ni conquistar: sólo hay que acogerlo mediante la fe. Un amor recibido gratuitamente que nos invita a su vez a amar gratuitamente. Es más aún, a través de la renovación de nuestro corazón por la gracia del Espíritu Santo, nos va dando progresivamente la posibilidad de hacer obras de amor y nos da la fuerza necesaria para cumplirlas.

Vivir en lo posible dentro de esta "lógica de la gracia" nos cura al mismo tiempo del orgullo de pensar que mis obras son mías, porque es Dios quien me da la posibilidad de cumplirlas y nos cura a la vez de la desesperanza, porque, sean cuales sean mis fallas, para levantarme, siempre podré recurrir al amor absolutamente gratuito e incondicional de Dios.
La "lógica de la ley", al contrario nos mantiene en una dependencia negativa: dependemos de nosotros mismos: nuestro aprecio a la vida, la idea que tenemos de nosotros, nuestra paz, nuestra sensación de seguridad y todo lo demás, está condicionado por mis resultados, nuestros éxitos o nuestros fracasos. Todo esto nos impide gustar y gozar de la gloriosa libertad de los hijos de Dios que se saben incondicionalmente amados, con independencia de sus mérito o de su "libreta de notas" sea esta buena o mala.

Oración.
Mi querido Amigo, ¿por qué nuestra tendencia es de dudar de que tú nos quieras tal como somos, sin exigencias imposibles para nuestra naturaleza débil? ¿Será porque nosotros ponemos tantas condiciones para amar así, gratuitamente? Es por eso que de tus parábolas la que más nos conmueve es la del "hijo pródigo", ese padre maravilloso que corre hacia su hijo que vuelve arrepentido, lo abraza y lo llena de besos, que no le echa nada en cara y que al contrario, hace una gran fiesta para celebrar la vuelta de este hijo que se había ido muy lejos a "hacer su vida", dejando a su padre, prescindiendo de él y... ¡ha vuelto! Así nos muestras tú a nuestro Padre Dios, así nos ama a cada uno como si fuera el único en el mundo.