jueves, noviembre 30, 2006

LA LIBERTAD INTERIOR 68 (continuación)

Foto de Peter Dam
Todo lo escrito anteriormente sobre la bondad y benevolencia inmutables de Dios, no quiere decir que el modo como nos conduzcamos sea indiferente: en la medida de lo posible, hay que hacer el bien y evitar el mal, porque el pecado nos hiere a nosotros y a los demás, y sus estragos son costosos y lentos de reparar.

Las pruebas espirituales.
En nuestra vida sufrimos muchas pruebas - se las llama "purificaciones" en lenguaje de la mística - la verdad es que lo que hacen es destruír todo lo que hay de artificial o de "construído" en nuestra personalidad, de modo que pueda emerger nuestro ser auténtico y para que nos demos cuenta de lo que somos para Dios.
Las noches espirituales son - se podría decir - empobrecimientos a veces muy duros, que eliminan en el creyente toda posibilidad de apoyarse en sí mismo, en sus conocimientos (humanos o espirituales), en sus talentos y capacidades y hasta incluso en sus virtudes.

Son empobrecimientos beneficiosos porque ayudan a verse uno en lo que realmente es. En la noche espiritual el hombre se descubre absolutamente pobre, incapaz de cualquier bien y cualquier amor, y capaz de todos los pecados que existen en el mundo. Es una experiencia muy dolorosa, por ejemplo, cuando una persona que ama al Señor sufre un período en que detecta en sí mismo ni el más mínimo átomo de fervor, y en cambio siente un profundo disgusto por las cosas espirituales. Cuando se ha entregado la vida a Dios y pasa esto la persona sufre terriblemente y le parece haber perdido el sentido mismo de la vida. En la pruebas de este tipo la persona no pierde el amor a Dios pero sí el sentimiento amoroso. Se trata de una auténtica revolución interior: hace que no nos apoyemos en nuestro amor a Dios, sino exclusivamente en el amor que Dios nos tiene. En una ocasión un sacerdote le dijo a un penitente: cuando ya no creas en lo que tú puedes hacer por Dios, continúa creyendo en lo que Dios puede hacer por ti.

Oración.
Querido Jesús, voy a tener que pensar un rato largo a ver si con tu ayuda te puedo hacer unas preguntas... Y esas pruebas grandes por las que muchas personas pasan, ¿qué significan para una persona que no tiene fe? ¿Son también purificaciones? porque ella no tiene conciencia de que tú también la amas. Creo haber entendido algo, porque tus caminos son misteriosos, aunque a veces tú mismo nos das luces para entenderlo. La respuesta me parece que está en la primera parte de lo escrito hoy sobre las pruebas espirituales. Las personas podemos encontrar a Dios a través de una gran prueba, porque ella nos obliga a buscar explicación y sentido a ella. Y pienso que sí son "purificaciones" porque el dolor nos hace crecer como personas. Aunque también podemos dejarnos llevar a la desesperación y a la amargura. Ahí está en juego mi libertad, con la excepción de que se trate de una depresión que necesita de tratamiento psiquiátrico. Seguiré pensando, pero contigo.

domingo, noviembre 19, 2006

LA LIBERTAD INTERIOR 67 (continuación)

Foto de Alan Whittle

Nuestra verdadera identidad, es la que vamos descubriendo poco a poco bajo la mirada de Dios; la que nadie, ni ningún acontecimiento, ni ninguna caída, ni ningún fracaso podrán arrancarnos nunca. Nuestro tesoro está en el cielo, es decir, entre las manos de Dios. No depende de las circunstancias, ni de lo que tenemos o dejamos de tener, ni - en cierto modo - tampoco de lo que hagamos o no, de nuestros éxitos o de nuestros fracasos: sólo depende de Dios, de su benevolencia y su bondad inmutables. Nuestra identidad, nuestro "ser" tiene otro origen distinto de nuestros actos, y mucho más profundo: el amor creador de Dios que nos ha hecho a su imagen y nos ha destinado a vivir siempre con Él, que es el amor que no puede volverse atrás.

A este respecto me gustaría citar un hermoso pasaje de una ensayista contemporánea, Cristiane Singer. "El amor es lo que queda cuando ye no queda nada más, en lo más hondo de nosotros, todos lo recordamos cuando - más allá de nuestros fracasos, de nuestras separaciones, de las palabras a las que sobrevivimos - desde la oscuridad de la noche se eleva, como un canto apenas audible, la seguridad de que, por encima de los desastres de nuestras biografías, más allás incluso de la alegría, de la pena, del nacimiento, de la muerte, existe un espacio que nadie amenaza, que nadie ha amenazado nunca y que no corre ningún peligro de ser destruido: un espacio intacto que es el del amor que ha creado nuestro ser".

Oración.
Mi querido Jesús, a mí esas últimas palabras me emocionan porque siempre estamos muy necesitados de amor y pensar que el tuyo "es" para siempre, que nunca nos va a faltar en esta vida, es puro consuelo para el alma. Pero necesitamos fe, Amigo mío, y esa es la que nos falta. Esto me recuerda algo que escuché esta mañana: La hermana de Santo Tomás de Aquino le preguntó en una ocasión: ¿Qué debemos hacer para tener fe? y él le respondió: QUERER. Yo entiendo, porque cuando uno quiere tener algo lucha, se esfuerza, busca, se informa... Es para pensarlo honéstamente...

jueves, noviembre 09, 2006

LA LIBERTAD INTERIOR 66 (continuación)

Foto de Marius Nagy
Repito la última frase anterior, cuya importancia es vital para ser verdaderamente feliz. "Nuestro Padre del cielo no nos quiere por el bien que hacemos: nos ama gratuitamente, por nosotros mismos, porque nos ha adoptado para siempre como hijos suyos." Esta verdad por descubrir es el gran reto de la frecuente "crisis de los cincuenta": después de pasar varios años volcados en el activismo, a los 50 nos encontramos con un gran vacío interior, porque hemos vivido en el "hacer", olvidando proveernos de los medios para acoger nuestra verdadera e inalienable identidad: la de un hijo amado no por lo que hace sino por lo que es.

Así se comprende el inmenso valor de la virtud contraria al orgullo: la humildad o pobreza espiritual, que pone nuestro yo a salvo de cuanto pudiera suponer un peligro . si nuestro tesoro está en Dios, nadie nos lo podrá arrebatar. La humildad es la verdad: yo soy el que soy; no una estructura artificial, frágil y siempre amenazada, sino lo que soy a los ojos de Dios: un niño pobre que no posee nada, un niño que todo lo recibe, pero infinitamente amado y totalmente libre; un niño que no tiene miedo a nada, ni nada que perder, porque ya lo posee todo por adelantado del amor gratuito y benevolente del Padre, que un día le dijo estas palabras definitivas: "Todo lo mío es tuyo" (Lucas 15,31)

Oracion.
Amado Amigo mío, esto que copié hoy me llega al alma, es consolador, es maravilloso que tú hayas venido al mundo y nos hayas revelado cómo es Dios, cómo eres tú y el Padre y el Espíritu Santo, que las tres Personas son un sólo y un mismo Dios: "Le dice Felipe: "Señor, muéstranos al Padre y esto nos basta". Jesús le responde: "Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y aún no me habéis conocido? Felipe: El que me ha visto a mí, ha visto al Padre...".(Juan 14,8-9) Conocerte a ti es conocer a Dios en lo que está a nuestro alcance de criaturas tan limitadas. Tú eres "el Camino, la Verdad y la Vida" (del alma) , tenemos tanto que aprender de ti para corresponder a ese amor inmerecido que poseemos. Nos dejaste tu vida escrita en Los Evangelios y a tu Iglesia asistida por el Espíritu Santo para guiarnos a través del tiempo: "...el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo cuanto Yo os he dicho". (Juan 14,26). Querido Jesús, hay cosas en tu Evangelio que no entendemos, pero tenemos a tu Iglesia para que nos las explique, las creemos porque "Tú" las dijiste, te creemos a ti; eso es la obediencia en la fe. Gracias mi Jesús querido.

viernes, noviembre 03, 2006

LA LIBERTAD 65 (continuación)


Por supuesto que este mismo problema, de fabricarnos una personalidad ficticia, lo encontramos también en el terreno de la vida espiritual, donde también se busca una identidad falsa en la que una persona pueda afirmarse. Esta tendencia en el plano espiritual puede considerarse normal y positiva, una motivación para pregresar, para adquirir talentos e imitar éste u otro modelo que nos atrae o con el que nos identificamos en mayor o menor medida; un santo como San Francisco de Asis o la Madre Teresa y eso puede ser para alguien el comienzo de una vida santa. La cosa es no identificarse con el bien espiritual del que somos capaces. Esta identificación conduce al orgullo espiritual, porque en una forma más o menos conscienoe nos consideramos el origen o el autor de ese bien. El bien que hagamos no es de nuestra propiedad, sino un estímulo que Dios nos concede. ¿"Qué tienes tú que no hayas recibido" Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido"?, nos recuerda San Pablo.

Orgullo, dureza, desprecio del prójimo; y también temor y desaliento: he aquí los resultados inevitables de la confusión entre el "yo" y "mis talentos", porque en lugar de aceptarlos como incidentes, cosas que a todos les pasan, e incluso considerarlos provechosos, del camino, los viviremos dramáticamente como un ataque a nuestro ser, como una amenaza a nuestra identidad. De ahí viene el axcesivo temor al fracaso.
El hombre es más que el bien que está en condiciones de hacer: es hijo de Dios - haga o no haga el bien - siempre será hijo de Dios. Nuestro Padre del cielo no nos quiere por el bien que hacemos: nos ama gratuitamente, por nosotros mismos, porque nos ha adoptado para siempre como hijos suyos.

Oración.
Mi querido Jesús, falta tan poco para terminar con este resumen, que he pretendido hacer de a poco para que alguien lo lea y no tengo ninguna respuesta. Por lo tanto creo que puede no ser una forma apropiada para enseñar, que es lo que yo sé hacer. ¿Tú podrías sugerirle a algunas personas que me digan lo que les gustaría saber? ¿O qué le critican a lo que ya he hecho? Este maravilloso librito, porque es bastante corto, que se llama "La libertad interior" de Jaques Philippe, esta en el comercio y lo pueden adquirir, porque la verdad es que ha encantado a muchísima gente. Gracias Amigo mío, mueve a algún corazón a contestarme.

miércoles, noviembre 01, 2006

LA LIBERTAD 64

Foto de Rick Lundh
Orgullo y pobreza espiritual.
El autor considera que es interesante dedicar unas reflexiones al problema del orgullo. Y más interesante, me parece a mí, es comprender su punto de vista que me parece bastante psicológico. Dice: todos nacemos con una profunda herida que vivimos como una falta: la falta de ser; e intentamos llenar este vacío por compensación, lo que nos lleva a buscar una identidad compensatoria que varía de una persona a otra según la forma que tenga la herida. Entonces nos fabricamos un "ego", diferente del auténtico "ser", de manera parecida a como se infla un globo. Este "yo" artificial tiene ciertas características propias: por ser artificial necesita un gran gasto de energía para sostenerse; y como es frágil (porque es falso), necesita ser defendido. El orgullo y la dureza siempre van unidos.

Los límites de este globo, no son flexibles, ¡no!, se mantienen vigilados por "turnos de guardia" que protegen esta identidad ficticia: pero ¡ay de la persona que la discuta o la amenace! si se siente amenazado reacciona en forma agresiva o violenta. Cuando el Evangelio dice que debemos "morir a nosotros mismos", en realidad se refiere a la muerte de ese "ego" - ese yo fabricado artificialmente - para que pueda aparecer el "ser" auténtico regalado por Dios.

Mi querido Jesús, ese "yo" artificial que todos nos fabricamos, pienso que se manifiesta en ese auténtico miedo que tenemos de conocer nuestros verdaderos defectos y si alguien llega a decirnos que somos egoístas, por ejemplo, nos indignamos y nunca se nos olvida quien lo dijo. No nos damos la oportunidad de pensar si tiene razón. Escuché una vez que en cada uno de nosotros hay tres aspectos que considerar: cómo me veo yo; cómo me ven los demás; y cómo soy en realidad. El Sacramento de la Confesión frecuente es una gran ayuda para conocerse mejor, porque a ti no te podemos engañar y si vamos creciendo en humildad ya no nos sorprenderán tanto nuestras tendencias negativas, más aún si creemos en tu Amor incondicional. Además que tú también nos ayudas a reconocer las cualidades y dones con que nos has creado y nuestro deber de desarrollarlos.