Foto de Olaia Macias
Quien reduce el cristianismo a la moralidad pierde de vista la esencia del mensaje de Cristo: el don de una nueva amistad, el don de la comunión con Jesús y, por lo tanto, con Dios. Quien se convierte a Cristo no quiere tener autonomía moral, no pretende construír con sus fuerzas su propia bondad.
Conversión quiere decir salir de la autosuficiencia, la necesidad de los demás y la necesidad de Dios, de su perdón, de su amistad. La vida sin conversión es autojustificación (yo no soy peor que los demás); la conversión es la humildad de entregarse al amor del Otro, amor que se transforma en medida y criterio de mi propia vida.
También aquí es preciso tener presente el aspecto práctico. No se puede dar a conocer a Dios únIcamente con palabras. No se conoce a una persona cuando sólo se tiene referencias de segunda mano. Anunciar a Dios es introducir en la relación con Dios: enseñar a orar. La oración es fe en acto. Y sólo en la experiencia de la vida también la evidencia de su existencia. Por eso son tan importantes las escuelas de oración, las comunidades de oración. Son complementarias la oración personal ("en tu propio aposento", solo en la presencia de Dios), la oración común "paralitúrgica" (religiosidad popular) y la oración litúrgica.
HABLAR DE DIOS Y HABLAR CON DIOS DEBEN IR SIEMPRE JUNTOS.

0 me comentan:
Publicar un comentario en la entrada