Oración.Mi querido Jesús Niño, que viniste al mundo como uno de nosotros y naciste pequeñito para que nos fuera fácil amarte, ¿quién no ama a un niño al que podemos acariciar y apretar contra nuestro corazón? Nos quisiste enseñar así, que todo está centrado en el amor y esa es la razón de tu venida al mundo, tu amor por cada uno de nosotros.
Pero, nos cuesta creer que Dios, que es el creador del universo, algo tan grandioso, se haya hecho Hombre verdadero por amor a nosotros tan pequeños, nuestra mente no da para eso y nos olvidamos fácilmente que "para Dios nada es imposible", como le dijo el Ángel a la Virgen cuando le anunció que iba a ser tu Madre. ¡Madre de Dios!.

Y la fe es creerte a ti, creer en un Dios que nos ama tanto que quiso hacerse uno de nosotros para acercarse al hombre. Y el día de nuestro Bautismo pusiste la semilla de la fe en nuestra alma. Pero esa semilla para crecer necesita de nuestra cooperación, porque nos hiciste libres. Se la puede comparar a esas semillas diminutas que aprendimos a cultivar en ese club que tuvimos en mi casa, que recuerdo con tanto cariño. Recuerdos, recuerdos preciosos de abuela joven y niños entusiasmados por jugar y aprender, así eran los de mi club de los miércoles. Ellos aprendieron de semillas, almácigos y plantitas. Aprendieron a tener paciencia, a esperar y trabajar jugando. Cómo llegaban de entusiasmados y corrían, lo primero, a ver cuánto habían crecido, cómo asomaban los tallitos nuevos, cómo brotaban las primeras hojitas buscando la luz y lentamente, demasiado lentamente para ellos, crecían y crecían y había que ponerlas en bolsitas individuales hasta que estaban listas para llevarlas a sus casas y mostrárselas a sus papas con orgullo. Y las dejaron en el jardín de cada uno... ¿qué pasó? ¿se olvidaron de regarlas y cuidarlas? ¿se secaron o se las comieron los caracoles? ¿las olvidaron?
Así es la semilla de la fe que tú, Jesús, pones en nuestros almas cuando somos bautizados y si no la cultivamos y cuidamos no brota, no encuentra la luz. Y si llega a brotar y no la abonamos con conocimientos de tus enseñanzas y no las regamos con el agua rica de los Sacramentos, sencillamente muere. O es tan chica que no puede hacer frente a los ataques que sufre de ideas apestosas que la muestran como absoleta, como de otros tiempos ya pasados...
¡Ah Niño Jesús, cuánto nos cuesta volver a ser sencillos como los niños! Te necesitamos todos para que hagas fructificar la semilla de la fe, que en muchos de nosotros está dormida o apagada.
A un santo muy famoso por lo sabio, Santo Tomás de Aquino, le preguntó cierta vez su hermana: Tomás, ¿qué se necesita para tener fe? Y él, muy rápidamente le respondió: " ¡Querer! ". Despierta en mi familia ese deseo Jesús querido, que te busquen, que te encuentren, que te conozcan y te amen. Bendícelos Dios Mío, uno por uno y muy especialmente a los dos que viajan esta noche hasta muy lejos. Cuídamelos con esa ternura que tú tienes para nosotros y que la muestras en mil detalles de nuestras vidas.
¡Gracias Jesús por este nuevo cumpleaños tuyo, otra Navidad, que nos reúne hoy día! Y no te olvides de sanar a nuestra enfermita, por favor.